“A nuestros hijos no les entrará en la cabeza que la mujer sea discriminada por el hecho de serlo”

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Las Dras. Maite López Deogracias y María Caballero son mujeres, madres, médicas y jefas de servicio de sus respectivas especialidades, Cirugía General y Laboratorio de Análisis Clínicos. Si bien el orden de los factores no altera el producto, aún hoy en día compatibilizar cada uno de estos sustantivos y hacer entender al mundo que son compatibles, resulta, en muchos casos, una tarea hercúlea. Y mientras lo siga siendo, seguirá teniendo sentido celebrar cada 8 de marzo el Día Internacional de las Mujeres. Hablamos con ellas sobre liderazgo femenino, prejuicios y especialidades médicas con etiquetas de género.


Hoy en día el 50% de la plantilla médica en el Estado es femenina y en nuestra clínica, en concreto, las mujeres médicas rondan ya el 70%. Y, sin embargo, tradicionalmente la carrera de Medicina se ha relacionado con el hombre. Cuando decidisteis dedicaros a esta profesión, ¿os encontrasteis con alguna reticencia o sorpresa en vuestro entorno?

Maite – Cuando me decidí por la carrera de Medicina no tuve ninguna duda ni me planteé si era una profesión más de chicos. Mi entorno social tampoco planteó ninguna duda en ese sentido. Me intentaron dirigir un poco más cuando elegí la especialidad. Entonces sí que hubo médicos más veteranos que me aconsejaron apostar por especialidades más ‘femeninas’ y menos duras o exigentes físicamente que la Cirugía. Pero bueno, solo fueron recomendaciones. No pasaron de ahí.
María- En mi caso, aunque yo tengo más años que Maite, fue parecido. Cuando anuncié que quería estudiar Medicina, todo mi alrededor se lo tomó fenomenal, a pesar de que aún había mucho hombre en nuestra profesión. Pero, como bien dice Maite, lo que es determinante es la especialidad. De hecho, la mía, Análisis Clínicas, está muy feminizada mientras que, en mis tiempos, la Cirugía era muy masculina. Yo, personalmente, no me incliné por una cuestión sexista. Me decidí por Análisis Clínicos porque me gustaba el Laboratorio y me parecía una rama muy amplia e interesante. Pero sí me encontré con mucha gente que me felicitó por mi elección. Me decían, ‘las guardias son más llevaderas y así cuando tengas niños podrás dormir y no meterte en el quirófano hasta las 7 de la mañana’.

Según este planteamiento, ¿qué especialidades que se entenderían como claramente masculinas?

María – Trauma claramente masculina…
Maite – Y Cirugía General también. En general, las quirúrgicas.
María – Urología es una especialidad también tradicionalmente muy masculina. En mis tiempos nadie se planteaba ser uróloga y a mí, personalmente, me encantó cuando la estudié. Y, a pesar de eso, no me atreví a hacer esta especialidad porque iba a ser un bicho verde. De hecho, no sé si hay muchas urólogas a día de hoy.
Maite – Sí hay. Yo tengo una compañera de residencia que hizo Urología. Y, además, es muy buena. Pero sí que se ha encontrado muchas veces con pacientes a los que les costaba mucho ser valorados por una mujer. Por vergüenza. A los hombres les cuesta que les traten urólogas.

¿Maite, teniendo esto en cuenta, cuando finalmente te decidiste por hacer Cirugía General, te encontraste con alguna dificultad por el hecho de ser mujer?
No, ninguna. Pero sí es cierto que yo misma me impuse la obligación de dar el 150% por miedo a que el hecho de ser mujer me restase capacidades. Cuando entré a hacer la formación tenía otro compañero y yo siempre me cuidé muy mucho de trabajar aún más que él para que no hubiera ninguna duda sobre mi aguante o resistencia física, mi capacidad para asumir guardias o mi afán de querer mejorar. Inconscientemente, intentas suplir la supuesta ‘carencia’ que supone el ser mujer, demostrando más que los demás.

Otro de los fenómenos más recurrentes es que, a pesar de que la mayor parte de los especialistas que salen de las facultades de Medicina son mujeres y de que que hay muchos DUE’s hombres, aún sigue existiendo esa dicotomía de que la enfermería es cosa de chicas mientras que la medicina lo es de chicos.
María – Sí, una cosa que me chocaba muchísimo cuando hice la residencia es que al encontrarme con gente conocida por el hospital y verme con el pijama o la bata puesta, siempre daban por hecho que era enfermera.
Maite – Sí. A mí me ha pasado que después de estar una semana entera pasando visita a un paciente, éste acabe poniendo una queja porque no les ha visitado el doctor. No concebía que yo pudiera ser el médico. Es verdad que han sido situaciones anecdóticas y con personas de edad avanzada, pero a veces pasa. También he vivido visitar al paciente acompañada de un compañero médico, hacer yo las preguntas y que le respondan a él. Algunos pacientes pueden llegar a aceptar que una mujer sea médica pero les cuesta asumir que pueda ser tan buena como un hombre.
María– Se ha avanzado muchísimo pero todavía queda mucho por hacer.

Las dos sois responsables de vuestros respectivos servicios y tú, María, llevas años ejerciendo cargos de responsabilidad en otras empresas. ¿A las resistencias de aceptar a una mujer como un médico de primera categoría hay que sumarle la de aceptar a una mujer que manda?
María– Sí, a veces se nota que por el mero hecho de ser mujer te toman menos en serio. Yo me he encontrado con caras de hastío como de ‘qué quiere esta ahora’, y no por dar órdenes contradictorias o gestionar mal las cosas. Sigue existiendo machismo, especialmente con la gente de mayor edad. A veces incluso en las propias mujeres.
Maite – En mi caso, a mí me preocupa más mi juventud a la hora de que se me valore en mi puesto de trabajo de jefatura, que el hecho de ser mujer. Pero he tenido la suerte de que ha existido una renovación en el servicio y he sido bien aceptada. Supongo que habría sido más difícil si hubiera habido más diferencia de edad con mis compañeros y ellos hubieran sido mucho mayores que yo.

¿Lideramos las mujeres de manera diferente?
María – Depende mucho de la persona pero sí, creo que las mujeres tenemos una visión más amplia del entorno. Recogemos más información en un solo vistazo y a la hora de decidir contemplamos más factores. Por ejemplo, creo que somos conscientes del aspecto emocional cuando tenemos que comunicar algo a una persona del equipo.
Maite – Yo indiscutiblemente pienso que somos líderes muy diferentes. Ni mejores ni peores pero sí muy diferentes. Creo que nuestra capacidad organizativa y de análisis al detalle es mayor. Quizás la forma de liderar de un jefe masculino ha sido, hasta ahora, más por imposiciòn. Nosotras analizamos mucho más las situaciones, argumentamos y tenemos en cuenta muchos más factores. Además, como dice María, creo que la empatía que sentimos por el equipo, para bien y para mal, es mucho mayor.

Se dice que muchas veces que otro de los handicaps de las mujeres para llegar a puestos de responsabilidad es que somos menos competitivas que los hombres. Que nos importa menos el status. ¿Estáis de acuerdo?
Maite – Bueno, creo las mujeres, cuando estamos satisfechas con nuestro trabajo y con lo que estamos logrando a nivel personal, ya nos vale. Si queremos algo, nuestro problema es lograrlo, no lo que está haciendo el otro.
María – Sí, yo creo que en ese sentido las mujeres somos más prácticas. Yo, desde luego, no me he visto en la tesitura de estar compitiendo con alguien mientras que los hombres sí tienen más tendencia a eso. Creo que por eso escuchamos más y estamos más dispuestas a escuchar un consejo a admitir cuando has metido la pata. Eso nos hace tener un estilo de liderazgo diferente. Somos líderes que escuchan.

La maternidad es otro de los grandes quids de la Igualdad. Las dos sois madres, ¿cómo habéis vivido esta cuestión?
María – Yo, con toda naturalidad. Trabajé hasta el último día de mis embarazos porque me encontraba muy bien. Mis tiempos eran otros y las cosas han cambiado mucho, pero he tenido mucha suerte y no se me ha cuestionado nunca en ese sentido.

¿Y compatibilizar el tiempo que dedicas a tu trabajo con el que dedicas a tus hijos?
María – Lo de compatibilizar es muy relativo. Creo que aquí hacemos todas el pino puente. Ahí sí tenemos más carga porque vamos a por todas. Niños y trabajo. Las mujeres que somos luchadoras, peleonas y que apostamos tener una carrera profesional plena pagamos una factura.
Maite – Para mí este es mi punto débil. No porque mi entorno profesional me haya puesto problemas para tener hijos. Al revés, tuve embarazos muy malos y me cogí la baja más tiempo del que hubiera deseado sin que nadie me pusiera ningún problema. Pero me gusta tanto mi profesión que me ha costado y me sigue costando encontrar el equilibrio entre el tiempo que le dedico y el que dedico a ser madre. Cuando tengo un proyecto en mente y me enfrasco tanto en él que se me pasa el tiempo, me tengo que poner una alarma en el móvil para parar. Si no, me dejo llevar. En mi caso, encuentro que es difícil pero no porque dependa de nada externo. Es simplemente que yo quiero estar en los dos aspectos y ambos requieren mucha dedicación.
María – Sí, opino igual que Maite. A mí también me gusta muchísimo trabajo y, por supuesto, también adoro a mis hijos. Pero creo que los niños quieren una madre contenta y una madre contenta es una madre realizada.

¿Notáis un cambio en las nuevas generaciones de hombres? ¿Una nueva manera de entender las relaciones entre hombres y mujeres en el trabajo?
María – Por supuesto. Creo que las nuevas generaciones vienen con otro chip. Al final todo ese sirimiri que está a nuestro alrededor está calando muy profundo.
Maite – Sí, yo creo que sí. Ven con más naturalidad nuestro puesto y nuestra capacidad para mandar y organizar. No creen que debamos nada a nadie. También es cierto que vivimos en un entorno privilegiado. En determinados sectores o en la misma Medicina pero en otras comunidades la situación es peor.
María – Sí, el País Vasco es un entorno privilegiado, como lo es, en general el de la Medicina. Hay otros en los que aún quedan muchos pasos por dar. Pero esto no tiene fin. Estoy segura de que mis hijos hablarán en otros términos. No les entrará en la cabeza que la mujer sea discriminada por el hecho de serlo. Les parecerá tan raro como vivir sin whatsapp. Y, desde luego, les espera un futuro mucho mejor, a ellos y a ellas.
Maite – La clave no es ser hombre o mujer sino trabajar en equipo. Que cada uno pueda aportar sus virtudes y que la otra persona supla tus carencias, independientemente del sexo.

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