GOLPES DE CALOR

Se considera que una persona sufre un golpe de calor cuando la temperatura corporal sube por encima de los 40º C. El cuerpo se sobrecalienta, los mecanismos que regulan la temperatura corporal dejan de funcionar y son mayores las probabilidades de sufrir daños neurológicos. Los niños menores de 6 años, los adultos mayores de 65, las personas que sufren de sobrepeso u obesidad y los enfermos con afecciones crónicas como la diabetes, son los más vulnerables a sufrir estos episodios, que pueden llegar a producir graves problemas de salud.

Ocurren principalmente a causa de las altas temperaturas, por tanto son más frecuentes en los meses de julio y agosto, pero también por un exceso de ejercicio físico. Y especialmente si confluyen ambas causas, calor y ejercicio intenso.

Entre los síntomas que indican un golpe de calor podemos observar:

  • Falta de aire o dificultad respiratoria.
  • Vómitos.
  • Mareo y dolor de cabeza.
  • Confusión y/o desorientación.
  • Enrojecimiento de la piel.
  • Fiebre.
  • Escasez de sudor.

Cuando alguien esté sufriendo un golpe de calor hay que contactar con el servicio de urgencias, puesto que son quienes mejor tratamiento le van a dar. Mientras llegan, hay que intentar disminuir la temperatura corporal de la persona: poniéndola en un lugar más fresco, a la sombra, colocando los pies en alto y poniéndole algo mojado o frío (como el hielo) en las axilas o en las ingles.

Para prevenir estos golpes de calor se recomienda evitar la práctica de ejercicio físico en las horas de más calor (desde las 12 del mediodía hasta las 5 de la tarde) al igual que establecerse en lugares frescos y mantenerse hidratado constantemente, mediante agua o bebidas sin alcohol, helados o frutas, y hacerlo aunque no se tenga sed o hambre. También se aconseja comer comida ligera y fresca, como ensaladas o frutas.

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